Estamos aquí porque nos duele España
 
 

Estamos aquí porque nos duele España

 
Publicado el 30 de Septiembre 2018
 
 


Sean mis primeras palabras de gratitud y bienvenida a este acto que más que una presentación es una celebración. 


Celebración, porque hacemos realidad una ilusión, porque hemos tenido el valor político de escuchar a quienes tantas veces, militando o mirándonos con simpatía, nos han pedído que el día de las elecciones hubiera una única papeleta que depositar en la urna.


Celebración, porque, con esta decisión, todos hemos demostrado que somos capaces de llegar a acuerdos; porque hemos sido capaces, como decía un gran español hoy vituperado, de deponer ante los supremos intereses de la Patria toda mira personal.


Fieles a nosotros mismos, fieles a nuestro devenir en la política, porque durante todos estos años hemos sido fieles a lo que creemos, comparecemos ante vosotros y ante nuestros compatriotas, en esta coalición porque nos sigue doliendo España, y aunque pueda parecer un tópico es una realidad; porque formamos parte de esa minoría que ha tomado conciencia de que, como hace algo más de 1.300 años, nos enfrentamos a un nuevo “Finis Hispania”, y, ante ello, nos negamos a conformarnos con ser los meros cronistas que lloran por una nueva pérdida de España o sollozan aguardando la llegada de un caudillo capaz de restaurar la patria. No, nosotros somos de esos españoles que conscientes de cómo es la realidad actual, estamos dispuestos a asumir la tarea, a salir a la calle para restaurar España en su identidad e integridad.


Y por eso, en esta mañana esperanzadora, os llamamos, como hace poco más de 200 años hicieron otros españoles en tesitura semejante, a ser ese puñado de guerrilleros capaces de dar vida a un movimiento que libere e independice a la Patria, a ser, bajo nuestra bandera roja y gualda, los renovados guerrilleros de esta candidatura que tiene que llegar a todos los rincones de España.


Estamos hoy aquí, asumiendo el riesgo y la incomprensión, porque nos duele esta España en la que la inmensa mayoría de los españoles, pese a los esperanzadores signos de rebeldía, viven ajenos a lo que realmente comporta el proceso de entrega claudicante de nuestra soberanía política y económica a esa trituradora de patrias, a ese instrumento de la globalización y el mundialismo, que es la Unión Europea. Un ente que aspira a disolver nuestra identidad en un multiculturalismo suicida que nos haga esclavos del moderno capitalismo ultra liberal. 


Nos duele esta España en la que la inmensa mayoría de nuestros compatriotas, y no debemos olvidarlo, andan cegados ante ese proceso de manipulación e ingeniería ideológica, con el que, si se me permite la metáfora, se está intentando borrar nuestro ADN como españoles y como nacion, alterando nuestra memoria colectiva, para convertir España en un mero ente administrativo de gestores y burócratas, sin identidad, sin contenido, incapaz de asumir, mantener y defender lo que es importante que es la idea y el concepto de España como unidad de destino, de convivencia y de historia. Y así los gobiernos de los últimos cuarenta años, de uno u otro signo, al renunciar a la idea, al concepto, han contribuido a que un puñado de cobardes amenacen con acabar con la integridad de la Patria porque saben que no hay entre la clase política quien les pare.  Pero nosotros, vamos a ir a esa Europa que con subterfugios, en Bruselas o en Alemania, les protege porque en el fondo esa Europa quiere la disolución de las patrias. 

Nosotros, en este momento queremos asumir la defensa de ese concepto. Para nosotros, la Patria, y conviene recordarlo, no es para nosotros que no somos nacionalistas, ni la raza, ni la lengua, ni la cultura que es solo una -la cultura occidental-, ni el pueblo. La Patria es para nosotros ese destino, esa convivencia y esa historia que en el transcurso del tiempo ha fundamentado nuestra identidad como nación, como la primera nación de Europa y una de las cinco naciones que conformaron la cristiandad. Una cristiandad en la que se fundamentan nuestros principios y nuestros valores, que es la que nos confiere la verdadera soberanía y a la que nosotros no vamos a renunciar. Por eso, cuando un papa, Juan Pablo II, estuvo en España dijo aquello de que Europa mirara a Santiago, porque esta Europa fue rescatada al grito de ¡Santiago y cierra España!


No ignoramos, no somos tan ingenuos, que para los españoles el debate político es otro: el de escoger entre izquierdas y derechas, entre si vamos a ser gobernados por el tándem PSOE+PODEMOS o por la comunión de intereses PP+Ciudadanos. Frente a ello nosotros creemos que los españoles, especialmente esos que vienen, nos aplauden y nos dicen “estamos con vosotros”, tienen que decidir, de una vez por todas si van a seguir apoyando a esos que están prestos a entregar nuestra soberanía o a apoyar a los que queremos recuperar nuestra soberanía, nuestra identidad y nuestra integridad. Una soberanía que es política, económica, moral y social.


En este marco, ante esta realidad, se equivocan los que piensan que hay que obviar el debate ideológico. Se equivocan los que piensan que lo único que hay que ofrecer es el debate del mero gestor. Sobre todo porque no perciben que estamos en medio de una batalla ideológica. Y que en esa batalla ideológica hay quienes ya han perdido aunque ganen elecciones. En esa batalla ideológica, las derechas, los centros, el PP,  Ciudadanos hace mucho que han sido ganados por la izquierda, van aceptando el modelo cultural, social y moral de la izquierda, asumiendo sus valores y su discurso, dejando a los otros españoles, como ha sucedido en otros lugares de Europa, sin un discurso moral, intelectual, cultural alternativo que de verdad se oponga a la izquierda en lugar de colaborar con ella cuando llegan al poder. Ese discurso es el que nos conduce imperceptiblemente al triunfo del individualismo. El individualismo es el instrumento que se utiliza para destruir las familias y las patrias. El individualismo es lo que ha disuelto y está disolviendo la noción de comunidad. El individualismo es lo que aspira a eliminar, promocionado por quienes están detrás de la UE y otros elementos del mundialismo, la comunidad nacional y lo que impide que esta se ponga, como debe ser, al servicio del bien común. Ese individualismo, que lo podemos ver, lo podemos palpar, en muchas de las medidas que se ponen día a día en marcha, es el que nos viene a deci: que la familia ya no es familia, que la familia es un ente administrativo con muchos regímenes; que la Patria no es Patria sino un espacio global; que, naturalmente, la identidad debe disolverse y desaparecer en esa especie de maná multicultural que, en realidad, nos viene a destrozar porque nos priva, y vuelvo a la metáfora, de nuestro ADN y que en el fondo nosotros sólo somos individuos que lo único que deseamos es vivir mejor, aunque para ello, en nuestro caso,  dejemos a muchos españoles en la pobreza y la indigencia.


Y ante esta realidad, someramente descrita, ¿qué podemos hacer? ¿Qué posibilidades tenemos cuando en el fondo somos una minoría?


Hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos, porque arrastramos muchos años de experiencia política, que este debate ideológico se pierde, queda en un segundo plano, cuando se concurre a las elecciones locales, autonómicas o nacionales. Pero también es verdad, si miramos a Europa, que el muchos de esos países ha sucedido lo mismo, que las elecciones europeas han servido para virtualiza, para dar visibilidad, para poner en valor el debate y que hay en Europa una serie de partidos, que han podido salir adelante y que hoy constituyen una ola imparable, que están esperanzados con que aquí se produzca la misma reacción; de que aquí emerja una fuerza política que  de verdad defienda los mismos principios y no un grupo con mercancía de contrabando que se pueda ofertar en una plaza cualquiera.


Por eso tenemos que explicar a los españoles que en las próximas elecciones europeas, pese a lo que diga la propaganda, pese a la casacada de discursos, pese a que, como es csotumbre, el debate real sobre la UE, porque no interesa, quedará perdido en los programas y palabras de las derechas, de los centros y las izquierdas, los españoles no tienen que elegir entre PP, PSOE, PODEMOS, Ciudadanos o aquellos que con una hábil camapaña aparezcan como vacuna para reconducir la desafección. No tienen que elegir su papeleta entre tantos porque en los comicios europeos sólo habrá dos opciones.


Una, votar a quienes están encantados con la UE, que se muestran como euroapasionados, y quieren avanzar y profundizar en la entrega de nuestra soberanía política y económica a los eurocratas de Bruselas. Es decir, votar al PP, PSOE, PODEMOS, a los separatistas de todos los colores... porque da igual a quien se vote porque su proyecto europeo es básicamente el mismo.


Otra, votarnos a nosotros que representamos lo mismo que están votando millones de europeos, los únicos representantes reales en España de esa imparable corriente que está rompiendo los diques, de esa corriente euroescéptica. Somos los que queremos ir a la UE no para hacer reformas sino para acabar con la UE y construir una verdadera Europa. Esa corriente que quiere Europa social, la Europa del Trabajo como expresión de la dignidad de la persona poniendo la economía al servicio del hombre y no el hombre al servicio de los excesos del capitalismo; la Europa de las Familias y los niños; la Europa fiel a sus raíces cristianas que fundamentan sus principios y valores, porque si perdemos esas raíces vamos a perder nuestra identidad y dejaremos de ser europeos; la Europa de las naciones y las patrias que respeta, apoya y defiende la identidad, la integridad y la soberanía de cada uno de sus componentes.


Queremos estar en Europa, queremos estar en el Parlamento Europeo al lado de nuestros amigos franceses, polacos, austriacos, italianos, húngaros, alemanes que han anunciado este camino. Queremos estar allí para combatir a la UE y a la Eurocracia que la gobierna y controla; para recuperar la soberanía política y económica que nos ha sido arrebatada; para denunciar el sistema oligárquico que, al servicio de los grandes intereses mundialistas, poco a poco, va deteriorando  las clases medias y ahogando a unas clases populares a las que está proletarizando arrebatándoles su salario y su dignidad.


Finalmente nos queda el camino, el camino que tiene que ver con nosotros mismos, con lo que queremos ser. Somos una alternativa ideológica; a diferencia de otros partidos y otras opciones nosotros somos una alternativa ideológica. Nosotros somos un movimiento que conjuga lo uno y lo vario con un discurso en construcción. Tenemos los pies en el suelo y hemos aprendido de nuestros amigos de Europa que nuestra primera base de votantes no está entre aquellos que se decepcionan hoy de un partido y mañana de otro buscando a los que se presentan diciendo que ellos son la verdadera derecha o la verdadera izquierda, para a final acabar votando lo de siempre.


Nosotros vamos a buscar, tenemos que buscar a esos españoles que están cansados, que no se reconocen en esta España que, volviendo a la metáfora, está perdiendo su ADN, su identidad, porque se les ha arrebatado su dignidad económica y su Patria. A esos españoles que ven como derechas e izquierdas políticas se han puesto de acuerdo para robarles su memoria colectiva, para cercenarles su historia en un relato uniforme sin gestas, sin héroes, sin misión y sin corazón. Ese es nuestro electorado, ese es el que tenemos que salir a buscar.


Solo me resta invitaros a venir con vosotros, animaros a que os transforméis, como se dice ahora, no en militantes sino en activistas; que de aquí al mes de mayo seáis nuestros mensajeros, los propagandistas de esta coalición. Una coalición que lanza al viento, como una consigna, el grito de ¡Adelante España!

 

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