El día que Susana le dijo a Pedro que no quería ser Heidi
 
 

El día que Susana le dijo a Pedro que no quería ser Heidi

 
Publicado el 23 de Abril 2015
 
 

Están siempre prestos a encaramarse sobre los tacones de las nuevas tendencias

El día que Susana le dijo a Pedro que no quería ser Heidi

Francisco Torres García.

Aunque a algunos nos parezca algo superfluo lo cierto es que al final la moda es la que impone sus criterios y los gurús de todo partido que se precie, los gabinetes demoscópicos, están siempre prestos a encaramarse sobre los tacones de las nuevas tendencias, pero asumiendo que las modas se crean y no surgen como expresión de una necesidad social, son un elemento más del proceso de alienación que nos sujeta. Es en este juego donde debemos buscar las claves del peinado, la sonrisa y el look del nuevo Secretario General del PSOE, el buscador Pedro Sánchez.

Yerran el tiro los que, siguiendo a los contraprogramadores -en el fondo hoy la política es televisión-, presentan como radical a quien tiene inconfundible planta de niño bien, de chico de  derechas de toda la vida, de burgués encantador y de modelo para colonias en blanco y negro con calzoncillos de marca. Pedro, que dada la composición de sus compañeros de viaje para la aventura de recuperar al PSOE y la Moncloa, me parece que andaba buscando una Heidi y una Clara y se ha encontrado con la  Rottenmeier ideal, es, en realidad, la imagen del yerno perfecto que desearían todas las abuelas para unas niñas que, fuera del pijerío, me parece que prefieren las coletas.

Los dos lemas reales de Pedro o del otrora eficaz gabinete demoscópico socialista -¡Vaya usted a saber!- son: renovación y nicho. Las ideas y el programa más allá de frases, tópicos y declaraciones de intenciones lo dejamos para después. Lo de la renovación, el nuevo PSOE, está solucionado merced al lifting que supone su imagen, aunque le quede la prueba de fuego de realizar una pequeña operación de limpieza interna que le permita afirmarse como "borrón y cuenta nueva", especialmente a nivel regional, municipal, sindical y andaluz (¿dejará a los pies de los caballos a Chaves y demás cual hará la Zarzuela con los Urdangarín?). Lo del nicho es, sin embargo, más complicado.

Anda la derecha mediática, que es prácticamente dueña y señora de los medios, empeñada en hacer de Pedro un "nuevo rojo" mientras, incongruentemente, suspira por un PSOE de consenso que acepte ser la pata del banco que le falta en un modelo bipartidista en el que la hegemonía la tenga el PP para mayor felicidad de Mariano. Quieren un PSOE un poco rojo que coloque a Pablete en su sitio, pero que, precisamente por ello, no pueda disputarle la hegemonía que debería asegurarse con una reforma electoral pactada que refuerce la tendencia hacia el modelo mayoritario que ya tiene nuestro poco democrático sistema electoral, el que convierte en falacia aquello de un hombre un voto.

El problema es que Pedro sabe que la lucha electoral no está a su izquierda, porque es posible frenar el trasvase del descontento en unas generales y recuperar voto aunque se asuma que otro se ha perdido para siempre; la batalla está a su derecha. Quitando los núcleos de voto absolutamente fieles, que son los que opinan y suben la voz, los que se emocionan leyendo o escuchando como se vapulea al adversario, lo que indica la demoscopia es que las próximas generales se van a decidir en el nicho del segmento de población situado entre los treinta y los cuarenta aproximadamente y entre los devotos del 2.0 y el 3.0. Ahí es donde Pedro, sus Heidis, Clara y Rottenmeier se van a volcar. Naturalmente habrá estridencias, para deleite de Marhuenda y 13TV, pero calculadas. Las justas para encandilar a los adoradores de mayos del 68 que nunca vivieron y que están encantados con ser la viva imagen de los otrora odiados burgueses. Para ellos, Pedro va a ser, tras el sarampión de Pablete, la imagen icónica de su rancio izquierdismo que aún practican en una versión sebosa de lo que fue la gauche divine.

Naturalmente, Pedro no ignora que en el fondo los barones esperan que se estrelle, que alguno no concurrió porque le lastraba la historia y porque prefería ser el candidato del día después, aunque finalmente aparezca en la nueva ejecutiva, pero también sabe que un crecimiento de pocos puntos le consolidaría hasta las siguientes elecciones, que serán su verdadero objetivo.

Tengo la impresión de que Pedro es mejor táctico de lo que aparenta, independientemente de la caricatura de superficialidad que van a utilizar contra él los pptertulianos y los ppperiodistas. Quería reforzar su peso en el partido convirtiendo a Susana en la Heidi ideal, pero ésta ha preferido el papel de señorita Rottenmeier para ordenar y controlar el desbarajuste que es el PSOE. Ella es ahora la verdadera fuente de poder, aunque tenga un descubierto talón de Aquiles. Y si Pedro fracasa ¿por qué no ella que es hábil colocando peones?

Puede que Pedro tenga que conformarse con la ausencia de Heidi pero Chacón -la eterna aspirante- va a tener que conformarse con ser Clara. Pero estemos atentos, porque probablemente sea la carta de Pedro para recuperar el control sobre el díscolo PSC, y entonces pudiera convertirse en la Heidi necesaria para ser traviesos en las clases de Rottenmeier.

Futuribles a un lado, de momento, Pedro ha creado un equipo en el que el sector femenino, lejos de la imagen florero transmitida por Zapatero, alcanza verdadero poder. ¿Y qué más se puede ofrecer a un sector importante del electorado -aunque reconozco que leído resulte un tanto machista el argumento- que un "guapo oficial" escoltado por un poder femenino real?  No nos extrañe pues si de la noche a la mañana emerge como caricatura de una Evita de medio pelo  una tal Micaela Navarro.

 
 
 

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