AES denuncia la maniobra que quiere ocultar la faz
torva y negra de Santiago Carrillo.
Cuando alguien
fallece, sea personaje público o no, aunque haya sido imagen del mal, independientemente
de lo que su paso por la vida haya significado, a un cristiano le toca rezar por
el alma de quien se ha ido, aun cuando se haya confesado ateo de forma
reiterada. Mucho más cuando se tiene la convicción de que sólo la misericordia
divina podrá otorgarle el perdón a sus faltas. Pero la oración no excluye, en
modo alguno, el ser justos a la hora de valorar al personaje.
Santiago
Carrillo ha muerto en su casa sin comparecer ante un Tribunal de Justicia
acusado de perpetrar crímenes contra la humanidad. Santiago Carrillo ha muerto
sin pedir perdón a las familias de los miles de asesinados que hoy reposan en
el camposanto de Paracuellos del Jarama.
Desde Alternativa Española queremos dejar constancia de que existe en el personaje una faz negra y torva que ha sido sistemáticamente ocultada por quienes, del Rey al último progre, se han dedicado a trazar obituarios a mayor gloria de quien, para muchos, es el responsable de la muerte de sus deudos; responsable político de la mayor matanza cometida contra la población civil durante la guerra de 1936-1939.
La historia de
Santiago Carrillo, se ha escrito, está plagada de cadáveres. Quedan en la
penumbra sus años al servicio de la dictadura estalinista; su nunca aclarada
participación en la caída de los dirigentes del PCE en el sur de Francia; la
sospecha de que envió a la muerte a “camaradas” previamente denunciados.
Páginas negras de un hombre que como reiteradamente dijo no se arrepintió de
nada.