Carta del Secretario General a todos los afiliados y simpatizantes
 
 

Carta del Secretario General a todos los afiliados y simpatizantes

 
Publicado el 04 de Enero 2021
 
 

Estimados amigos,

En primer lugar, quiero desearos una muy Feliz y Santa Navidad. Una vez más nos vamos a recrear con el nacimiento del Salvador.

La respuesta que sigue a la pregunta que enuncio quiero que sea la la línea argumental sobre la que construya esta carta. Letras que os dirijo después de casi nueve meses de silencio.

¿Por qué Dios se encarnó en Jesús para venir al mundo y morir en la cruz?

Sobre esta pregunta, buscando la respuesta, he reflexionado en muchas ocasiones. Dios podía haber actuado de formar distinta a la de encarnarse en el Niño Dios. Podía haber utilizado otros medios que le ahorraran sufrimientos, porque no olvidemos que, desde que fue engendrado, sabía que estaba llamado al calvario; conforme al plan Divino ya sabía que le atravesarían el costado, y su carne se desgarraría en un madero. Sin embargo, Dios quiso hacerse semejante a su criatura. Era necesario que el Creador fuera igual al fruto de su Creación, que fuera niño y hombre, que pasara hambre y sufriera por la muerte de sus seres queridos, que tuviera el aplauso y el reconocimiento de la multitud, que supiera luchar contra la soberbia y la tentación, que conociera el dolor físico del látigo y de la corona de espinas, también el desprecio y la traición de muchos. 

Una vez más tengo que preguntarme: ¿por qué? ¿mo es posible que Dios, si todo lo puede, no utilizara otros medios menos cruentos, menos humanos quizás? Quién sabe, dirían algunos desde un plano más pedagógico. Para mí,  la respuesta ante ese cúmulo de preguntas y reflexiones solo puede ser una, el Testimonio.

Con su Testimonio de muerte en la Cruz nos dio la Salvación y la vida eterna. Él resucitó y con Él todos lo haremos.  Con su Testimonio ante el martirio nos enseñó a perdonar; con su Testimonio ante la idolatría nos enseñó sobre la mansedumbre y sencillez de corazón; con sus llantos y dolores nos enseñó el efecto purificador del dolor; con su proximidad a los pobres, enfermos y pecadores nos enseñó el camino hacia la justicia, el bien y la salvación.

Si los católicos queremos ser consecuentes con nuestro Credo, no podemos más que imitar a Jesús, imitar su quehacer en este mundo, seguir sus pasos, convertirnos en abanderados de esa bandera discutida, cruzados de ese combate permanente entre el Bien y el Mal.  Es por ello que los católicos, como nuestro Salvador, debamos y estamos obligados a dar Testimonio.

Ese Testimonio no solo se refiere al ámbito endogámico del hábitat de mi casa, de mi Parroquia y mis allegados. El Testimonio como católicos debe ser de proyección universal.

Dentro de esa obligación de dar Testimonio, impresa en el alma de los católicos, está la de comparecer en la vida pública. De hacerlo con el convencimiento, como Él lo tuvo desde su nacimiento, que esta presencia puede terminar en martirio; que puede, si Dios lo quiere, terminar en la muerte, no sé si física pero, sin duda, en la vida civil.

El punto es cómo dar en estos momentos este Testimonio que nuestra FE nos impone. Sabemos, porque es Verdad revelada, cuáles son las causas por las que merece la pena tomar ese riesgo del martirio civil; sabemos que son unos principios innegociables que nos comprometen. Me los habéis oído repetir muchísimas veces: la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; la defensa del derecho de los padres a educar a sus hijos acorde a su moral; la defensa de la familia (la compuesta por hombre y mujer constituida con la vocación de procrear y en el seno del matrimonio); la defensa de la Iglesia doméstica,  principal palanca hoy de nuestro Credo, y la denuncia de quienes en el seno de la Iglesia parecen domesticados por el mundo actual; la defensa de las raíces cristianas de España y su sagrada unidad. 

Algunos llevamos dando esta batalla desde los 14 años, cuando empezamos a levantar esta bandera en el colegio, en mi caso en el Instituto Ramiro de Maeztu. Sé que muchos habéis seguido ese mismo camino. En ese tiempo hemos pasado por muchas formas de dar esta batalla, practicando día a día el Testimonio, tanto en lo personal como en lo profesional.

Por ello, hace 17 años constituimos Alternativa Española (AES). Lo hicimos como medio, que no como fin, para dar nuestro Testimonio en la vida pública y en la vida política.

Para mí, pese a la actual situación, AES es un éxito. Me explico con unas breves referencias sobre las que, como yo he hecho, os animo a reflexionar: logramos suturar la atonía desangrante que el sistema había impuesto sobre nuestros Principios y Valores; volvimos a traer a la sociedad, con mucho esfuerzo, el debate de la vida, la familia, la unidad de España…; pusimos en evidencia las incongruencias e incoherencias de muchos políticos y partidos que aparentaban compartir esos principios para quedarse solo en el formalismo de la letra; estuvimos en los medios cuando nadie estaba dispuesto a dar la batalla y decir lo que nosotros decíamos; aceptamos nuestro papel de abanderados, de esa bandera de discusión que es inherente a nuestros Principios y Valores. Y en ese camino, difícil, incómodo: cuántas tardes de tertulia con independentistas y marxistas, cuántos insultos, cuánta presión para que abandonáramos, cuánto desaliento por la traición o el abandono de algunos Por qué no, también, cuántos errores… el primero, quizás, el de intentar que su Secretario General compatibilizara su vida profesional con la política.

Pero, pese a todo ello, fuimos los que en el invierno duro de España aramos en el campo helado. Fuimos los que sembramos nuevamente la esperanza de un proyecto, lo regamos y vimos como despuntaban nuevamente los brotes tiernos de estos Principios y Valores en tierra española.

Ahora bien, los frutos de esas semillas los están recogiendo otros. Esta es una realidad incuestionable. Eso no nos hubiera preocupado. Sin embargo, hoy, para nosotros, el problema no es que otros los recojan. El problema es que los almacenen nuevamente en silos oscuros y húmedos, que hagan que el brote tierno se pudra y no sirva para conseguir nuevas semillas.

El sistema está concebido para que proyectos como el nuestro no recojan nunca los frutos de esa siembra en tierra cada vez más fértil. Por ello se han de crear las estructuras necesarias para que ese fruto sea recogido por otros. Estas nuevas estructuras/organizaciones deberán ser capaces de convencer a aquellos que estimaban que el proyecto era bueno, que se sentían atraídos por él, de que no hay consumo suficiente para el mismo. Argumentarán que por ello es necesario hacer en la planta germinal un injerto que permita ofrecer un producto cuyo sabor y textura sea más comestible, que pierda el amargor de la verdad. Así, mediante ingeniería genética o social, se hará más dulce, más aceptable para la mayoría perdiendo su esencia. En ese camino olvidarán que nuestro Credo y nuestros Principios exigen radicalidad, la opción definitiva de aceptar a Cristo o dejarlo de lado y que el bien y el mal están en lucha permanente.

La fórmula del edulcoramiento ya ha sido experimentada en nuestro suelo, en tiempo reciente, con resultados lamentables que muchos hemos vivido. Circulan por las redes los vídeos de Blas Piñar anunciando en los años 80, de una forma clara y tajante, cuál era el futuro que nos depararía esta Constitución y su monarca. La gente lo trata y reproduce casi como un mensaje profético. Nada más lejos de la realidad. Era algo absolutamente obvio, sabíamos qué futuro nos esperaría con las Autonomías y con esa nación de nacionalidades”, o cómo se trataría la vida y la familia; era también cil presumir cuál era el plan urdido para los etarras. Dios ya no estaba presente en la Constitución y el monarca pasaba a ser un florero real”. Fuimos una minoría representativa los que votamos en contra de la Constitución, libro del génesis de nuestra deriva. Fuimos una minoría los que nos opusimos a un texto constitucional que, sin lugar a dudas, abría las puertas al aborto, a la destrucción de la familia y a la ruptura de la unidad patria.

Pues bien, los que hoy han recogido esos frutos, como aquella Alianza Popular y más tarde Partido Popular, que se hicieron con los frutos del combate de Blas Piñar, parece que vuelven a utilizar la misma estrategia. Se constituyen en valedores de nuestros Principios para intentar, mediante un baño de azúcar, encajarlos en una defensa de la Constitución y de la estirpe de los Borbones.

Por lo tanto, si nuestra obligación como católicos es dar Testimonio y seguir preservando las semillas de nuestros Principios, aun a riesgo que otros las conviertan en transgénicas, es también nuestra obligación perseverar sin apartarnos de la realidad y utilizar otros aperos para poder seguir arando y cultivando.

Muchos os preguntareis por qué desde hace nueve meses no he tenido comunicación con vosotros y he estado prácticamente desaparecido”. Además de la situación creada por la pandemia, y el consecuente esfuerzo profesional que en mi caso y por razón de mi profesión y cargos ha supuesto, también he querido darme estos 9 meses como un período de reflexión, observación/análisis y decisión.

En cuanto a la reflexión: Escil al hilo de mis pensamientos comprender la razón de mis conclusiones. Tenemos hoy la misma o mayor obligación que teníamos cuando comparecimos en la vida pública, la misma que cuando empecé con mis 14 años en el Ramiro de Maeztu. ¿Me apetece seguir en la lucha a los 62 años? La respuesta rápida, clara y sin lugar a dudas es NO; ¿Debo seguir, aunque no me apetezca, al servicio de Dios y de España? La respuesta es aún más contundente, SÍ ¿Estoy dispuesto a sufrir las consecuencias del ataque de los que nos odian, y de los que ponemos en evidencia? Sin lugar a dudas, SÍ; ¿Vamos a ver el fruto de nuestros esfuerzos? Probablemente NO. Pero, ¿entonces? La respuesta es simple, debemos cumplir con nuestra obligación de católicos españoles.

En cuanto a la observación y el análisis: He callado durante 9 meses para contemplar con objetividad la situación, para evitar que la ofuscación del día a día, la reacción impulsiva ante un acontecimiento, pudiera mediatizar mis conclusiones. He querido dar un margen de confianza a aquellos que han enarbolado nuestra bandera para ver lo que en realidad daban de sí. Se me puede decir que aún es pronto, quizás sí, pero en política o bien lo que debes hacer lo haces en los primeros meses y después utilizas el tiempo restante a implantarlo o, por el contrario, ya será tarde y habrás dado carta de naturaleza a situaciones que, después, los acontecimientos no te permitirán enderezar. En este tiempo no he vuelto a oír en ellos aquel terminaremos con las autonomías”, aquel defenderemos la vida, aquel defenderemos la familia; por el contrario, he oído de una forma machacona y aburrida el  viva la Constitución y Felipe VI, como si el hijo hubiera sido ajeno a las andanzas de su padre de todos conocidas. Cuántas veces las denunciamos y cuántas nos llamaron mentirosos, radicales y contrarios a la institución monárquica. Nada más lejos de la realidad y prueba de ello es que ya nadie duda de la intervención/traición del emérito en el 23F, o del cobro de comisiones y de una vida personal muy poco ejemplar, que le llevó a ser reo de sus vicios y corruptelas, y cuyo precio fue el sancionar sin rechistar las leyes más inicuas de la historia de España. Nuestra crítica y denuncia iban dirigidas a salvaguardar la institución monárquica, cuyo principal enemigo  ha sido el emérito Rey Juan Carlos  y  hoy  su nuera e hijo. En conclusión, nada ha cambiado y, como imaginábamos, a los almacenistas de nuestros frutos el sistema los ha abducido, pese a tener 52 magnificas armas para ir soterrando un sistema depredador de Principios y de España.

En cuanto a la conclusión: Si como hemos planteado es nuestra obligación como católicos continuar en el combate por nuestro Credo y nuestra Patria, y si, como hemos visto, el ejército defensorde ese Credo y Patria está muy debilitado o poco fortalecido en su defensa, es nuestra obligación darle soporte desde la vanguardia, que no la retaguardia. Seguir abriendo debate y generando una base social que un día les demande un posicionamiento claro y radical en defensa de esos principios.

¿mo hacerlo? Es claro que debemos seguir apoyando a nuestros concejales y alcaldes, y dar cobertura a todos aquellos que quieran comprometerse en nuestro combate. Ahora bien, no nos podemos abstraer de la realidad del 2021, del efecto demoledor que ha tenido la presencia de VOX en la vida pública y su éxito electoral capitalizando nuestro mensaje. Por ello, debemos buscar nuevas formas de actuar que nos permitan seguir manteniendo vivos, sin tibiezas ni ambigüedades, nuestros Principios, y ello lo hemos de conseguir a través de la penetración social, haciendo uso de nuevos aperos, nuevas herramientas que nos permitan en libertad seguir defendiéndolos.

Tenemos que ser pacientes y seguir siendo altavoz de esos Valores, de forma que nuestra insistencia, a través de nuevos medios, hagan que los que hoy manifiestan ser sus valedores, ante el cúmulo de las evidencias de su incongruencia, de su incoherencia, se vean obligados a corregir sus derivas.

No cejemos en nuestro deber, pero seamos lo suficientemente hábiles para poder seguir presentes en la vida pública. Demos la oportunidad de que con nuestra presencia se reconduzca la deriva de los que, para no pocos, se han presentado como una opción y una esperanza.

Finalmente, os deseo a todos un feliz año 2021.

 

Rafael Lopez-Dieguez

Secretario General de AES.

27 de diciembre de 2020. Día de la Sagrada Familia.

 
comunicado secretario general
 
 
 

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