Lo que preocupa a Rubalcaba

Asistimos, no sin cierto asombro, a la controversia suscitada en torno a la situación de la lucha antiterrorista y la utilización política de la misma. En el epicentro de la misma, como de costumbre, se sitúan las declaraciones de Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Algunos medios han acusado al ministro prácticamente de inventarse una alerta antiterrorista mediática al anunciar, a finales de año, que ETA estaba preparando un importante atentado, hablando más tarde de una red de secuestros.

No goza el Ministro del Interior, para mí al menos, de una extensa credibilidad. Que Pérez Rubalcaba no diga la verdad no quiere decir que tras sus palabras no exista una verdad. Alfredo Pérez Rubalcaba es un experto a la hora de no decir toda la verdad o de agarrarse sólo a aquella parte que de verdad tienen las cosas. Sus palabras siempre tienen una doble lectura: la aparente y la real. En estos momentos y en este tema creo, sinceramente, que a muchos lo que, en esta ocasión les ha cegado ha sido la indisimulada aversión que el personaje despierta, por lo que las hojas no les han dejado ver el bosque.

Externamente, de cara a la opinión pública, lo que ha hecho Pérez Rubalcaba es aplicarse la cura antes de sufrir la herida. Que existía y persiste el riesgo de que ETA aproveche la presidencia española de turno de la UE para cometer un atentado no es algo que no esté previsto en el manual antiterrorista, es casi lógico. Nada irritaría más a Rodríguez Zapatero que un atentado que empañara su propagandística presidencia. Pérez Rubalcaba lo que ha hecho es sobredimensionar esa posibilidad para paliar los efectos negativos de un posible atentado.

Esa sería la primera explicación. La segunda obedece a un planteamiento de mayor alcance. El gobierno quiere reducir al mínimo el desgaste que está sufriendo y una ofensiva de la banda podría precipitar una ruptura sociológica electoral que todavía no se ha producido. En este tema el objetivo asignado a Interior es evitarlo. En este sentido las declaraciones de Pérez Rubalcaba tendrían como receptor último a los propios terroristas. Primero les advierte sobre el conocimiento que el gobierno tiene de sus posibles movimientos; después se procede a las detenciones y finalmente se vuelve advertir a los terroristas de que se les puede neutralizar de forma inmediata. Todo ello, además, dentro de un marco coyuntural en el que queda el origen de aquella filtración que impidió la detención de etarras durante la tregua, y en el momento en el que el entorno político de ETA se encuentra claramente fraccionado entre los que apoyan a la banda y los que desean que se inicie el proceso de abandono de la lucha armada y pacto con el gobierno. Nada sería tan grato al gobierno como esto último y Pérez Rubalcaba lo que está haciendo es poner su granito de arena.

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