El divorcio
Jueves, Noviembre 26th, 2009No creo que el que alguien se divorcie sea tan importante como para llegar a otras portadas que no sean las del corazón. Teóricamente varía la cuestión si los protagonistas son personajes destacados de la vida pública española. Así acontece con el divorcio de los duques de Lugo aunque no haya acontecido igualmente con los divorcios o separaciones de destacados políticos e incluso algún expresidente del gobierno.
Insisto, en la España de hoy que alguien se divorcie no tiene más trascendencia que la que se pueda derivar de lo que la llamada “telebasura” saque a la luz, de lo contrario el hecho pasaría sin pena ni gloria. Tengo el presentimiento que eso es precisamente lo que temen los que hace tiempo que diseñaron la estrategia mediática para hacer pública la separación de los duques de Lugo. Yo a Su Majestad le recomendaría que procediera inmediatamente a ponerlos de patitas en la calle desde el augusto despacho de la Zarzuela. Fue necesario diseñar una estrategia de comunicación del divorcio por etapas de los duques de Lugo por el temor que despertaba en la Corona la posibilidad de que éste tuviera un efecto boomerang que afectara a la Institución.
Los diseñadores de la estrategia de comunicación de la Zarzuela recurrieron al eufemismo (“cese temporal de la convivencia”) para evitar el término divorcio. No se puede decir que fueran imaginativos porque la estrategia pasaba por algo tan manido como ir dando la noticia poco a poco, por acostumbrar y cansar a la audiencia.
Que a la Casa Real no le gustan los divorcios porque consideran que daña la imagen de la institución es un hecho fácilmente constatable; que se intentó evitar que se produjera, invocando el sacrificio que impone el título, es otro hecho innegable. La llegada de Leticia a la Casa Real quebró la obligación del sacrificio y esto también es incuestionable (¡cuántos lo utilizarán como carnaza!). Ahora la Casa Real necesita urgentemente el divorcio y la anulación del matrimonio de los duques de Lugo. La situación de la infanta crea importantes problemas de protocolo y condiciona su presencia en actos religiosos y la Corona, por mucho laicismo que se predique, necesita esas fotografías. Tengo por ello la impresión de que parte de esta estrategia de comunicación del hecho también tuvo como objetivo planificar los pasos para conseguir la nulidad de Roma. Una nulidad que pese a los buenos oficios de la Zarzuela puede chocar más con Ratzinger que con Benedicto XVI.
Los diseñadores de la estrategia de comunicación se han apresurado a sacar del baúl de los recuerdos los otros divorcios de la Corona, también puestos a sacar podían haber hecho memoria de las infidelidades diversas a las que tan acostumbrados parecían los antecesores del actual inquilino de la Zarzuela. Y por hacer una lista lo más amplia posible en el tema de los divorcios han recurrido a los otros Borbones, a los Borbones ninguneados o utilizados según fueran necesarios. Entre ellos figura naturalmente Alfonso de Borbón (al que se quitaba o ponía título según fueran los vientos), aquel que se casó con la nieta del general Francisco Franco.
Insisto, un divorcio en España es de lo más normal. Los que no parecen normales son aquellos que entienden que es necesario una estrategia de comunicación para acostumbrar al pueblo a la nueva realidad, empezando por la supina tontería de hablar de “cese temporal de la convivencia”.