La realidad del paro español
Domingo, Abril 26th, 2009José Luis Rodríguez Zapatero ostenta el trágico de récord de ser el presidente de gobierno que ha conseguido superar la cifra más alta de paro de nuestra historia. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), España supera por vez primera los cuatro millones de parados.
El paro español no es producto de la crisis económica general. Esa es simplemente la coartada del gobierno. La crisis lo único que ha hecho es agravar un problema, sobredimensionarlo y sacar a la luz la realidad estructural del espejismo de crecimiento económico de los años anteriores (los afamados cinco millones de empleos creados por el gobierno popular). Las tasas de paro españolas no son comparables con las que se están dando en los EEUU o en los países de la zona Euro. España destruye empleo a mucha más velocidad que nuestro entorno. Esa es la realidad. En un trimestre se han destruido en nuestro país 750.000 puestos de trabajo y nada hace pensar que estemos entrando en un período de desaceleración.
Miente el gobierno o vive al margen de las previsiones cuando afirma verse sorprendido por los datos de empleo del primer trimestre del 2009. Los datos del FMI, sobre las previsiones con respecto a España, se aproximaban mucho a ese 17.3% de tasa de paro y las alertas de los organismos internacionales no excluyen la posibilidad de que en el 2010 España alcance una tasa del 20%, colocándonos en una situación al borde del colapso con imprevisibles consecuencias sociales.
España tiene un grave problema en su estructura económica que los sucesivos gobiernos, desde los años de la reconversión, finales de los setenta, no han querido abordar. España es un país que pasó del pleno empleo a mediados de los setenta a tasas de paro estructural situadas en torno al 8.5%, cuando las tasas estructurales de muchos países se sitúan en un 3-4%. La reducción del paro, desde finales de los noventa hasta esas tasas estructurales, se hizo sobre un modelo de expansión de puestos de trabajo escasamente estable (construcción y servicios) que se ha desplomado al soplo de la crisis. De ahí que el crecimiento del paro y la destrucción de puestos de trabajo en España sean un fenómeno con un origen más endógeno que exógeno.
El negro horizonte de los posibles cinco millones de parados, que nos devolvería de un plumazo a la crisis de los ochenta, o, en su defecto, la permanencia de tasas de paro altísimas durante un periodo largo es consecuencia directa de la falta de visión política para introducir, en la estructura económica española, soluciones de largo alcance. Las decisiones políticas y los malos acuerdos alcanzados para entrar en la UE, entonces CEE, primaron una terciarización absoluta de la económica española sin haber implementado un desarrollo acelerado de los sectores cuaternarios, a los que hemos llegado tarde y deficitariamente, para poder así impulsar una errónea desindustrialización que afectó a sectores que eran y son viables, por no hablar de la mala gestión en todo lo referente a un sector primario que es el único que en el tercer trimestre ha creado empleo. De este modo la producción española ha mantenido, pese al crecimiento de las exportaciones, una baja productividad y una reducida competitividad. Quienes han defendido y defienden, algo que comparten PP y PSOE, ese modelo eran conscientes de la necesidad de desarrollar los sectores cuaternarios para asegurar el futuro, pero las tasas de inversión española, por ejemplo, en I+D+i demuestran que sólo eran declaraciones para la galería.
Mientras, la gran solución, en vez de acometer las necesarias reformas estructurales, en vez de variar, en un sentido o en otro, el eje de desarrollo, continua siendo hablar de la necesidad de reformar nuestro mercado laboral para liberalizarlo y hacerlo más barato. Eso sí, nadie plantea la necesidad de poner fin al despilfarro de una administración pública costosísima y al gasto que supone mantener, en su concepción actual, el depredador Estado de las Autonomías.