Las babas de la Pajín
Septiembre 3rd, 2010Ni se lo podía imaginar cuando en su amado Benidorm jugaba a ser guardiapijoroja de diseño. Mami y Papi jamás le contaron el cuento de caperucita, la adormecían con la ensoñación socialista de la revolución cubana.
Leire se convirtió en una ariscada y concienciada joven en medio del decrépito ambiente creado por la explotación turística de Benidorm, mientras que las playas en Cuba son vírgenes (¡qué cosas escribo!) ajenas a la usura del capitalismo turístico. Estoy seguro que en su adolescencia, como tantos otros hijos de la progresía pero también de la derecha convertidos al izquierdismo, soñaba con llegar hasta Castro, con ver a Castro y odiaba a los Hombres G por ocurrírseles hacer una canción titulada “Matar a Castro”. Lo que nunca pudo imaginar es que sería recibida en la isla comunista como autoridad de España. Y, además, como marchaba a la única patria que le queda al socialismo real, podía hacerlo con unos trapitos coloreados de lo más variopinto alejándose del encorsetado traje de portavoz socialista.
Por fin Leire ha cumplido su sueño: ir a Cuba como autoridad y no como simple joven roja. Y se lo hemos pagado todos, que bien merece el sacrificio darle gusto a la niña. La muchacha de los acontecimientos planetarios ha tenido su propio encuentro interestelar. Allí ha estado, dando ruedas de prensa bajo el enorme retrato de Castro, vitola de honor para cualquier progresista de medio pelo, de pelo en pecho o de exclusivo diseño. La izquierda divina amaba a Castro y ahora, Leire, la divina de la izquierda, ha podido ir a contemplar, como ella misma nos ha dicho, la evolución de la política y la sociedad cubana. La evolución política en Cuba es fácil de resumir: de Castro a Castro y tiro por que me toca. La evolución social es aún más sencilla: de pobre a jinetera y me revuelco en la miseria. Pero allí ha estado Leire, dispuesta a luchar por la emancipación de la mujer cubana del mercado turístico sexual.
Leire ha estado en Cuba para seguir el proceso de liberación de los presos (esos que los Castro, porque ya vuelven a ser los Castro, envían a España) y sobre todo para afianzar las relaciones entre el PSOE y el Partido Comunista de Cuba. Por eso fue recibida por Raúl Castro en la sede del comunismo cubano y no en la residencia del gobierno. Y allí se produjo el acontecimiento interestelar.
Leire no pudo contener la emoción. Casi traslúcida, casi transparente a causa de las pocas vacaciones que se ha tomado o porque sufrió alguna especie de transfiguración, se encontró cara a cara con el Castro pequeño, aunque el Castro grande acababa de pronunciar uno de esos discursos que ya se creía que habían pasado a la historia por la decrepitud del dictador comunista. La cara de Leire lo ha dicho todo: es el mejor resumen y el más perfecto editorial. La hemos visto por televisión. No creo que ante el momento me venciera la emoción y un líquido acuoso nublara mi vista, porque yo aseguraría que lo que vi fueron los líquidos que vertían los labios de una Leire próxima al éxtasis y su rostro demudado cuando Castro, afectuoso, le dio las dos manos. Y es que para Leiere “ésta sí” que es mi revolución. La revolución de los que no se quejan aunque vivan en la miseria.
Antes de abandonar Cuba, con la emoción contenida, no pudo menos que exhalar un suspiro de admiración: ¡Ah, si los españoles tuvieran verdadero espíritu socialista y revolucionario!