ARMONÍA EN LA CREACIÓN - Formación y Criterio
 
 

ARMONÍA EN LA CREACIÓN - Formación y Criterio

 
Publicado el 03 de Marzo 2016
 
 
Siguiendo el orden cronológico del Libro del Génesis,
sabemos que a la nada siguió la Creación transformando el caos
desorganizado en Cosmos.
 
A este proceso, nada-caos-cosmos, que surge del “hágase”, sigue el
“hagamos” divino que crea al hombre “icono” del Creador, en estado de
Gracia, con los dones preternaturales, al que Dios concede el dominio
vicario del cosmos.
 
El Edén, fue obra de una ecología a lo divino, en que tierra, agua,
aire y fuego, en perfecta y sosegada armonía, estaban al servicio
incondicional del hombre, en tanto éste, criatura en definitiva,
aunque criatura superior, respetase el único Mandamiento divino: no
apropiarse de la ciencia del bien y del mal, que simbolizaba un árbol
en el Paraíso.
 
El Pecado Original rompió el equilibrio ecológico y como dice S.
Pablo, la tierra, el agua, el aire y el fuego se rebelaron contra el
hombre que al quebrantar el Mandamiento Divino, quiso arrebatar a Dios
la línea que separa de un modo tajante lo que es bueno de lo que es
malo.
 
Esta rotura de la ecología divina es evidente; la crónica diaria
ofrece una estampa dolorosa de terremotos, maremotos, diluvios
persistentes, huracanes que arrancan árboles, reducen casas a
escombros, aniquilan cosechas, arruinan a familias, producen millares
de muertos y los incendios que reducen bosques a cenizas.
 
Esta sublevación contra el hombre, que llamamos fenómenos naturales
nos dice, sin recurrir a la fe teologal, que el pecado original
existió y que en ese pecado se halla la raíz del desequilibrio
ecológico del que somos testigos. Esto en cuanto a la naturaleza.
 
En cuanto al hombre, el pecado original afectó a sus cinco sentidos o
potencias corporales y a las potencias del alma, memoria,
entendimiento y voluntad. Ambas, las de carne y las del espíritu,
quedaron heridas y esas heridas pueden no cicatrizar, si el hombre en
lugar de pretender cerrarlas se deja seducir por el mundo, el demonio
y la carne, como nos dice el Catecismo.
 
El pecado original es la fuente de las enfermedades y la muerte y de
todos los pecados contra el Decálogo, como lo es de las lagunas y
eclipses de la memoria, de la falta de comprensión y adecuada
interpretación de la Verdad que nos hace libres y de la Gracia que nos
hace santos y de los fallos de nuestra voluntad que aspirando al bien,
no tiene fuerza para aceptar los sacrificios que esa aspiración
comporta.
 
¿No es una realidad, que hoy muchos hombres antes que considerarse
“imago Dei”, es decir, hechura directa de Dios, quieren ser imagen y
resultado de una “evolución contra natura”, de un antropoide?
 
 
 
Ricardo Pascual.
 
 
 
Bibliografía de Blas Piñar (QEPD).
 
 
 

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